En fin, no debería ser posible dos cadenas privadas de cobertura nacional dediquen dos programas especiales para intentar descifrar las causas y motivos que hayan llevado al Sr. Marichalar y la Sra. Borbón a poner fin a su relación, lo cual no deja de ser una mala noticia, tampoco vayamos a pasarnos de radicales.
Además de la cobertura mediática, es bastante preocupante la línea de opinión vertida por algunos periodistas que participaban en estos programas. Algunos de ellos defendían la opción del divorcio como señal de modernidad. Personalmente me parece paradójico que una institución como la Monarquía, intrínsecamente antiquísima e incluso caduca, pueda esgrimir la modernidad como una de las cualidades que la ha de adornar. Los miembros de la Familia Real gozan de una serie de derechos y privilegios, emanados de la Constitución de 1978, pero no deberíamos olvidar que también tienen una serie de deberes y obligaciones. El no cumplimiento de éstos debería llevar aparejada la pérdida de los privilegios. Sin embargo, parece improbable pensar que debido a esta separación, ya se verá si finalmente hay divorcio, vayan a cambiar los privilegios de cualquiera de los dos cónyuges y no digamos ya sus hijos.
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